San Pedro Mártir.
Pedro es un niño muy inteligente, sincero, agradable y firme en sus decisiones y su familia no tiene inconveniente en que la educación del niño esté a cargo de un maestro católico.
Pedro con 16 años, queda fascinado por la palabra ardiente de fray Domingo de Guzmán y recibe el hábito dominicano de sus manos. Con ímpetu juvenil se dedica al estudio, la oración y vive la austeridad y la penitencia con radicalidad; en todo es fiel imitador de Domingo de Guzmán. Terminada la formación eclesiástica, es ordenado sacerdote y nombrado Predicador del Evangelio de Jesús. Pronto el Milanesado y la Romaña conocen a este fogoso predicador y formidable polemista; se dedicó a la predicación especialmente entre los cataros.
Una característica importante es que siempre fue hombre de diálogo. Pedro es piadoso, austero y corre la voz de su santidad por todas partes. Se preocupó de la defensa de la fe, para ello instituyo las "Asociaciones de la fe" y la "Cofradía para la alabanza de la Virgen María". Como buen religioso es un convencido de la vida de comunidad Ama a Jesucristo y como Él experimenta el menosprecio de algunos sectores y el ataque de quienes pensaban distinto.
Su presencia evangelizadora a través de la Predicación continúa con intensidad, su capacidad organizadora le lleva a coordinar y fundar muchos más pequeños grupos organizados.
Se comenta que un día en su contemplación, en su celda dominicana, recibe la visita de las Santas Mártires: Inés, Cecilia y Catalina que dialogan en su habitación. Otros frailes llevan la noticia al Padre Prior. En el Capítulo Conventual es reprendido y corregido porque ha violado la clausura y ha recibido a mujeres en su celda religiosa. Su respuesta es un prudente silencio y es enviado al Convento en donde intensifica su estudio y oración. Un día se desahoga ante un crucifijo: "¿Qué mal he hecho, Señor, para verme como estoy?". Cristo Crucificado le dice: "Y, yo, Pedro, ¿qué mal hice?". Estas atribuciones que la tradición le da, son fiel reflejo de la intensa comunicación que con Dios tenía a través de la oración.
El Papa Gregorio IX le conoce y le nombra en 1.232 Inquisidor General: Roma, Florencia y Milán conocerán a este apóstol de Cristo. Los milagros refrendan su vida abnegada por Cristo y por los hombres. Sucesivamente es superior de los Conventos de Piaccenza, Como y Génova.
En 1.243 Inocencio IV confirma a Pedro como Inquisidor General; pero una conjura pesa sobre él para Su martirio es como un eco de la muerte de Cristo, pues es fruto de 40 libras (moneda de Milán). Era el 6 de abril de 1.252. Regresaba de Milán a su Convento de Como, donde era Prior. Cerca de la aldea de Barsalina recibe dos golpes de hacha en la cabeza, comienza a recitar en voz alta el Credo, las fuerzas le faltan y mojando un dedo en su sangre escribe en el suelo "CREO". El Credo es la síntesis de su vida, de su abnegada entrega, de una fidelidad emocionante a Cristo Crucificado a quien ama. Tenía 46 años. Su cuerpo es trasladado al convento de Milán.
El 25 de marzo del año siguiente Inocencio IV le canoniza. Es el protomártir de la Orden Dominicana.Su fiesta, por coincidir frecuentemente con Pascua, fue retrasada al 29 de abril y Sixto V la extendió al calendario de la Iglesia universal.
En la foto se observan el cuchillo clavado en el cráneo y en la mano derecha una palma circundada con tres coronas, símbolos de su martirio, predicación y castidad.
